La problemática del transporte público en la capital del país se mantiene como uno de los principales retos urbanos. Reportes oficiales y estudios de movilidad coinciden en que los tiempos promedio de traslado superan con frecuencia las dos horas diarias, una situación agravada por fallas crónicas en el Sistema de Transporte Colectivo (STC) Metro y la obsolescencia del transporte concesionado.
De acuerdo con información del STC Metro, durante 2024 se registraron al menos 872 desalojos de trenes por fallas técnicas relacionadas con ventilación, trenes detenidos y mantenimiento, cifra superior a la de años previos. Las líneas A y 3 se posicionan entre las más afectadas, generando interrupciones constantes que impactan a miles de usuarios diariamente.
La Secretaría de Movilidad de la Ciudad de México (Semovi) ha reconocido que cerca del 80% de los usuarios enfrenta recorridos que oscilan entre 60 y 240 minutos, principalmente en las zonas periféricas. Estos trayectos prolongados se asocian no solo a la distancia, sino también a la saturación, el hacinamiento y la percepción de inseguridad dentro de las unidades.
Aunque el Gobierno capitalino ha anunciado proyectos como la remodelación de la Línea 1 del Metro —actualmente con retrasos— y la incorporación de nuevos trolebuses y corredores de transporte eléctrico, especialistas advierten que estas acciones resultan insuficientes para revertir el rezago estructural, especialmente de cara a eventos internacionales como el Mundial de Futbol 2026.
En el caso del transporte concesionado, la situación es particularmente crítica. Microbuses con más de tres décadas de antigüedad continúan operando, generando altos niveles de contaminación y un servicio de baja calidad. La renovación de estas unidades enfrenta obstáculos financieros, ya que las tarifas actuales no permiten esquemas viables de modernización, y propuestas de aumento, como el ajuste de 1.50 pesos planteado para 2026, han sido rechazadas.
Datos de planes de movilidad elaborados entre 2019 y 2024 indican que el tiempo promedio por trayecto es de 52 minutos, con el transporte concesionado concentrando el 38.9% del total de viajes. Esta dependencia, sumada a la falta de intermodalidad eficiente, limita los avances hacia un sistema integrado y funcional, según análisis de la Semovi y el Instituto de Planeación Democrática y Prospectiva.
El impacto en los usuarios es significativo. Encuestas del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) señalan que al menos el 50% de las personas percibe los traslados como inseguros, sucios y estresantes, lo que genera ansiedad por riesgos sanitarios y pérdida de tiempo, pese a estrategias individuales para mitigar estas condiciones.
Hacia 2030, los desafíos incluyen la transición a flotas eléctricas, la mejora de infraestructura y la implementación de políticas públicas sostenidas. Sin embargo, expertos coinciden en que, sin avances concretos y una visión integral de intermodalidad, los traslados prolongados seguirán siendo una constante en la movilidad cotidiana de la Ciudad de México.












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